la noche del zepelin

La noche del zepelín

Miguel Baquero, La tormenta en un vaso, diciembre, 2011

Un poderoso y muy literario intento de presentar el conflicto siempre latente en la sociedad humana: por un lado, nuestro afán de progreso, de conquista de la Naturaleza, de triunfo sobre las más altas cumbres o las superficies heladas; de otro, los ancestrales fantasmas que nos recorren, los miedos atávicos que nos paralizan, los comportamientos instintivos, motivados por una inmemorial causa, que paralizan nuestro comportamiento. Individuos que se superan a sí mismos pero que, al mismo tiempo, son víctimas de negras historias familiares. Así es el hombre, en resumen; así es también esta novela (y de ello su notable calidad) y así es el formato en que ahora se ha presentado: la más moderna y puntera tecnología para albergar una historia pasional, uno de esos libros cuya lectura hace que un escalofrío, surgido de no se sabe dónde, te recorra la espalda y quede alojado en tu memoria.  

Gabriel Cusac Sánchez, Blog personal, marzo, 2010

Quizá no sea aventurado afirmar que, tras el Relato de otoño (1975) de Tommaso Landolfi, La noche del zepelín, publicada veinticuatro años después, sea la última vuelta de tuerca de la novela gótica. Así lo apuntan el escenario hermético -la gran mansión ovillada en sí misma-, la calidad siniestra de los personajes, extraños y degenerados, la suma de misterios, la atmósfera asfixiante, una maldición antigua. Quizá tampoco lo sea definir esta obra como perfecta.

Javier Memba, El Mundo, La Esfera, julio, 1999

Contaba Cecil B. De Mille que las películas, las historias podríamos decir en el presente caso de La noche del zepelín, han de empezar por un terremoto para seguir subiendo. El argentino Norberto Luis Romero parece haber tomado el pie de la letra esta máxima.Una novela que podrá ser rechazada por quienes se sientan agredidos por tanta crueldad, pero el resto de los lectores reconocerán en sus páginas literatura de la buena.

Javier Goñi, El País, Babelia, 5, junio, 1999

Norberto Luis Romero ha escrito una segunda novela La noche del Zepelín,  que es una bellísima y mórbida historia, escatológica a veces, feísta otras, simbólica y decadentista siempre, necrofílica también, que sale al encuentro del lector, para turbarle, para desconcertarle, para atraparle, para entusiasmarle, desde un rico y sugerente horizonte: el Genet de Las criadas, el teatro furioso y los fabulosos seres hermafroditas de Francisco Nieva o el teatro pánico de Arrabal, o la tradición decadentista del final del siglo anterior, con ciertas gotas de sangre extraídas a lo Sade de la blanca y desnuda piel de las doncellas de la literatura libertina.

Reina Roffé, Centro Virtual Cervantes

Construida como una suite musical, en cuatro estaciones o partes, La noche del zepelín es una novela de compleja decodificación por la riqueza de niveles y la variedad de símbolos que alimentan incesantemente su trama. Sin embargo, el lector se interna en el relato desde un primer momento seducido por el ritmo trepidante, casi de intriga policíaca o de misterio, de una narración que gira en torno a la tiranía del falo y las prebendas del poder.

uista de la Naturaleza, de triunfo sobre las más altas cumbres o las superficies heladas; de otro, los ancestrales fantasmas que nos recorren, los miedos atávicos que nos paralizan, los comportamientos instintivos, motivados por una inmemorial causa, que paralizan nuestro comportamiento. Individuos que se superan a sí mismos pero que, al mismo tiempo, son víctimas de negras historias familiares. Así es el hombre, en resumen; así es también esta novela (y de ello su notable calidad) y así es el formato en que ahora se ha presentado: la más moderna y puntera tecnología para albergar una historia pasional, uno de esos libros cuya lectura hace que un escalofrío, surgido de no se sabe dónde, te recorra la espalda y quede alojado en tu memoria.