Isla de sirenas

Isla de sirenas

Autopsias literarias del doctor motosierra, Carlos Montero fernández, 13-10-2016

Incomodo. Así es como parece ser que Romero quiere que te sientas mientras lees su obra, y no son pocos los elementos de los que dispone para conseguirlo, añadiendo a cada ingrediente nuevo un peso extra a una atmósfera ya cargada y dominada por la pesadumbre y las malas sensaciones. Con una prosa magnífica, en una extraña comunión que une la primera y la tercera persona donde los diálogos se juntan con la narración y misteriosamente pese a la sensación de incomodidad que no nos abandona, uno no solo se acostumbra, sino que se deja llevar, Norberto Luis Romero crea con ISLA DE SIRENAS una pequeña pieza fundamental en el teatro grotesco hispano, como contemplar la obra maestra de un embalsamador y esperar, pese a las mutilaciones y rasgos que únicamente la muerte es capaz de crear, a que el cuerpo abra los ojos y nos sonría con tristeza.

 

Andén  42, Laura Martínez, enero, 2011

Grandísimo escritor de culto, de minorías, que narra de manera exquisita y personal las más grotescas perversiones. Y pese a eso, deja muy buen sabor de boca.
Él mismo dice que “el arte es generar tensión y mantenerla de manera creciente a lo largo de toda la narración y hacer que estallen no en los personajes, sino en el alma o la conciencia del lector. Son los lectores los que deben padecer el drama, no los personajes, éstos son meros transmisores”. De manera que estructura los acontecimientos a lo largo de la historia, impidiendo apenas que cojamos aire.

Javier Goñi, El País, Babelia, 19, enero, 2003

A Norberto Luis Romero le gustan las atmósferas turbias, los espacios asfixiantes, las casas-prisiones, las situaciones límite, el hedor que desprende la ancestral convivencia familiar. Sus personajes -fascinantes, bellos, turbios, crueles, frágiles, desmesurados- aman y odian con la pasión de la desesperación, se mueven en esa antesala mórbida de las relaciones familiares, esa que antecede al lado más oscuro de la familia, al viejo tabú del incesto.

Eugenio Cobo,  La Clave, febrero, 2003, Madrid

Tan bien llevado está el hilo narrativo, que en ninguna parte de la novela la acción es previsible, saltamos de sorpresa en sorpresa; la expectación que produce hace que no decaiga el interés en ningún momento. (…) es un clima constante de dolor que sufre cada uno de los personajes, porque el dolor, dice uno de ellos, es una vivencia íntima e intransferible.

Herme G. Donis, Clarín 43, Oviedo, febrero, 2003

A medida que avanza la novela y la voz narrativa del presente se va  contaminando de la del pasado, vamos descubriendo sucesos que se dieron en éste y que, de alguna forma, explican las actuaciones  enfermizas, descarnadas, errátiles y contradictorias de los personajes. El resultado es una novela atrayente, sensual y cruel, difícil  de obviar y de olvidar.